jueves, 26 de enero de 2012

Estaba necesitando hacer una limpieza en mí: 
tirar algunos pensamientos indeseados, lavar algunos tesoros 
que estaban medio oxidados. 
Entonces saqué del fondo de las gavetas recuerdos que no uso
y no quiero más.
Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones.
Papeles de presente que nunca usé, sonrisas que nunca dí.
Tiré fuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban
dentro de un libro que nunca leí.
Miré para mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas
y las coloqué en una caja, bien ordenaditas.
Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo:
pasiones escondidas, deseos reprimidos, palabras horribles
que nunca hubiera querido decir, heridas de un amigo,
recuerdos de un día triste.
Pero tambien encontré otras cosas... ¡y muy bellas!:
un pajarito cantando en mi ventana, aquella luna color de plata,
el poner del sol.
Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos.
Me senté en el suelo para poder escoger.
Arrojé directo en el saco de la basura los restos de un amor que me hirió.
Tomé las palabras de rabia y dolor que estaban en el estante
de encima, pues casi no las uso, y las tiré fuera en el mismo instante.
Otras cosas que aún me hieren, las coloqué aparte para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío al basurero.
Era en aquella caja,
en aquella gaveta en que uno guarda todo lo que es más importante:
el amor, la alegría, las sonrisas, La Fe para los momentos que más la necesitamos.
Recogí con cariño el amor encontrado, doblé ordenaditos los deseos,
coloqué perfume en la esperanza, pasé un pañito en el estante
de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas.

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