martes, 5 de noviembre de 2013

¿Por qué tememos a los rostros obscuros? ¿Por qué tememos a los colmillos grandes? ¿Por qué tememos ver una cara sin ojos? ¿Por qué tememos a las cicatrices profundas?

Si miramos dentro, muy dentro de nosotros, nos toparemos con que en más de una ocación, frente a más de una situación, hemos tenido una expresión apagada que ensombrece nuestras facciones, hemos tenido que actuar con fiereza o coraje para alcanzar nuestros propositos, hemos tenido que actuar como alguien más o ignorar algun sentimiento para salir ilesos; y apesar de todo ello, hemos sido lastimados en más de una forma, y en diferentes intensidades.
Entonces, ¿Nos tememos a nosotros mismos?
Si no tememos a nuestros propios y reales monstruos, ¿Por qué hemos de temer a los ficticios? Inventados por personas que, en la mayoría de los casos, ni siquiera conocemos.
No tiene ningun sentido temerle a algo que no existe, en todo caso, mirate al espejo y tiembla por tu reflejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario